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BIBLIANDO: «saberse en buenas manos… aunque todo parezca contradecirlo» por Ianire Angulo Ordorika, ESSE

“Aunque la higuera no eche sus brotes,

ni den su fruto las viñas;

aunque falle la cosecha del olivo,

no produzcan nada los campos,

desaparezcan las ovejas del aprisco

y no haya ganado en los establos,

yo me alegraré en el Señor,

tendré mi gozo en Dios mi salvador.

El Señor, mi Dios, es mi fuerza;

él me da pies de gacela

y me hace caminar por las alturas”

(Hab 3, 17-19a)

 

Saberse en Buenas Manos… aunque todo parezca contradecirlo

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El libro de Habacuc tiene sólo tres capítulos y es uno de los más breves de la Biblia. De este profeta sólo se nos dice su nombre en el primer versículo. Por lo que dice del Imperio Babilónico y por la desoladora situación política y religiosa, creemos que vivió a finales del s. VII y principios del s. VI a.C.

A lo largo del libro Habacuc cuestiona y exige a Dios una respuesta ante la injusticia de la que es testigo. ¿Cómo es posible que permita tanto dolor? ¿Por qué se calla ante tanto sufrimiento? (Hab 1) Lo que ve no concuerda con el Dios en el que cree. Y yo ¿qué contradice mi imagen de Dios?

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Seguro que hemos experimentado muchas veces lo mismo al mirar la realidad. Pero Habacuc tiene la osadía de interpelar a Dios con aquello que cuestiona su fe y la paciencia de esperar su respuesta (Hab 2, 1). Por eso, sin que conozcamos detalladamente qué ha pasado en el interior del profeta, termina el libro con esta expresión de esperanza.

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En la situación que describe Habacuc no hay razones para el optimismo, y menos en una sociedad agrícola y ganadera como la suya. Pero, más allá de lo evidente, expresa la certeza de fondo de que está en Buenas Manos. En esto consiste la esperanza: en no dejar que las apariencias nos hagan olvidar que Dios cuida de nosotros enteramente y eternamente.

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Ianire Angulo Ordorika,  ESSE

 

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