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Ianire Angulo Ordorika

Ianire Angulo Ordorika

Ser buena noticia

Hay personas que resultan agradables nada más verlas. Sin ningún motivo especial, sus gestos, la sonrisa o simplemente la mirada parece que nos desarman. Son personas que nos devuelven la cara amable de la existencia de forma natural y nos recuerdan que hay más motivos por los que alegrarnos y sonreír a la vida que por los que recelar y desconfiar. Estas personas se camuflan entre multitudes de seres de gesto fruncido y rictus circunspecto para salir de su escondite cuando menos lo esperas. De repente y sin previo aviso, uno te sonríe mientras espera su turno en algún puesto de administración, otro te ofrece adelantarte en la cola del supermercado, y otros muchos caminan con cara de que todo va a ir bien.

El término griego evangelio significa buena noticia, pero quizá no siempre tengamos presente lo que implica que los primeros discípulos “bautizaran” así a los relatos sobre Jesucristo. Sin duda estos primeros creyentes tenían muy claro que lo que caracterizaba su experiencia del Galileo era, precisamente, que su pasar por la vida había sido una verdadera “buena noticia”. Estoy segura de que ellos vivieron con Él algo parecido a lo que supone para nosotros encontrarnos por el camino a una de estas personas con las que es fácil fijarnos en el lado bueno de las cosas y que se convierten también en buenas noticias allá por donde van.

A veces pienso que ser cristiano se podría traducir por adiestrar nuestra mirada para que se asemejara a la de estas “buenas noticias” andantes. Quitarnos de encima todos los recelos, desesperanzas y sospechas que oscurecen nuestro gesto para que nuestra actitud y nuestra sonrisa devuelvan a quienes nos miran un motivo para amar la vida.

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