Corremos el riesgo de pasarnos la vida esperando. De niños esperamos ser mayores; de adolescentes queremos llegar a la mayoría de edad; esperamos ser admitidos en la carrera elegida o encontrar nuestro primer trabajo. Esperamos encontrar una persona que nos quiera y a la que querer lo suficiente como para compartir la vida. Y si nuestra vocación es sacerdotal o en la vida consagrada, esperamos encontrar el lugar donde vivir la llamada que hemos sentido, que vayan pasando los años de formación, que nos envíen a un lugar de misión que nos ilusione y a una comunidad que nos ayude. 

Si la situación va mal, esperamos llegar a fin de mes o ahorrar lo suficiente como para poder comprar al mes siguiente lo que este mes tuvimos que dejar aplazado. Vamos creciendo y esperamos tener cierto éxito en nuestros trabajos, mejorar nuestra calidad de vida, llegar a una buena jubilación, que nuestros hijos crezcan sanos y tengan buen porvenir… 

Y corremos el riesgo de pasarnos la vida esperando con más ansiedad y frustración que esperanza. Preocúpate si te descubres muchas veces diciendo: “estoy bien, si no fuera por…” o “estaré bien cuando llegue X o se cumpla tal cosa…” 

Poco tiene que ver con el adviento y la esperanza cristiana: “cuando el tiempo no está lleno por sí mismo de una presencia con sentido, la espera se hace insoportable. Si sólo podemos dirigir nuestras expectativas a alguna cosa situada en el porvenir, mientras que en el ahora no hallamos nada en absoluto, si el presente permanece completamente vacío, cada segundo se hace demasiado largo. La espera es una carga demasiado pesada cuando es totalmente incierto si acaso podemos esperar algo” (J. Ratzinger).

La esperanza cristiana del Adviento no es un enigma, no es una carrera donde gana el que más insiste en pedir algo que no sabe si ocurrirá. Lo nuestro es vivir aquí y ahora esperanzados sabiendo que la vida va cambiando y nosotros con ella, pero no hay día ni momento ni lugar que no esté preñado de Dios, de su vida. La alegría de mañana solo tendrá raíces si somos capaces de vivirla ya hoy, cuando sólo vemos la tierra pero sabemos que dentro,más o menos enterrada, hay una semilla creciendo. Y por eso la cuidaremos, y la proveeremos de sol y agua.

Feliz Adviento. Acompasado Adviento. Que nada de lo que cada uno estemos viviendo, por doloroso o desagradable que sea, nos impida ver cada dia lleno de Dios, con mayor o menor claridad. El está. Vino para quedarse. Ya no se va nunca. Y eso bien merece una celebración.