SONRÍE y sé feliz – BIENAVENTURADOS LOS MANSOS – Las Bienaventuranzas. por Adolfo Chércoles!

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SONRIE Y SÉ FELIZ

Las Bienaventuranzas con Adolfo Chércoles

PRIMERA: BIENAVENTURADOS LOS MANSOS/NO VIOLENTOS…

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 El problema que plantea esta Bienaventuranza (Bv) es el del Poder. Somos puro poder: podemos ver, podemos pensar, podemos “agredir”… Este “poder” es pura posibilidad que puede emplearse en mi “defensa” si me siento amenazado. Esta Bv nos planteará la pregunta ¿Qué hacemos con nuestro poder? ¿Somos conscientes de que tenemos un “ministerio de defensa”? ¿Controlamos nuestra agresividad?

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Esta Bv viene sencillamente a “sujetarnos”, a que no eliminemos al otro con nuestro poder convertido en pura agresividad. Y hay muchas maneras de eliminar: aparcar, recluir, desprestigiar… Cuentan que, estando el general Narváez en el lecho de muerte, fue un cura a confesarlo. Al terminar la confesión le preguntó: -“Mi General,   ¿perdona usted a sus enemigos?” -”No tengo ninguno”, respondió. El cura insistió: – ¿Con todas las responsabilidades que usted ha tenido?, por no decirle “con lo bruto que ha sido usted”. El general respondió: -”Los maté a todos”. Su solución “contundente” es la que quiere evitar esta Bv, pues hay muchas formas de “eliminar” sin quitar la vida, y no tener ya que plantearme cómo “hacer la paz” con ellos, cosa que afrontará la 7ª Bv.

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La experiencia de Jesús

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  • Los pasajes donde aparece un Jesús manso, haciendo el bien (Mt 12, 15-21) nos revelan una apuesta por la recuperación, no una “bonachonería” tonta. Uno no opta por la recuperación si, porque alguien ha sido injusto, en nombre de la justicia, lo elimina. Y es que ante el pánico que provoca la indefensión, lo ‘normal’ es que uno intente anticiparse para eliminar al enemigo… ¡La propia defensa justifica todas las agresiones! Pero Dios no actúa así, Dios opta por la recuperación. La misión que trae el siervo de Yavéh es anunciar la justicia de Dios, y no grita ni se oye su voz. ¿Por qué? Porque la verdad no se impone por la fuerza. Pues por muy “verdad” que sea, con mi actitud impositiva, puedo hacerla inaccesible, convertirla en mentira, descalificarla. La verdad nunca podemos convertirla en ‘arma arrojadiza’, sino que es algo que libremente se acoge y se acepta. La falta de verdad no puede ser un pretexto para eliminar, para descalificar, sino que es un reto a recuperar. Jesús ofrece, no impone, la recuperación. Para que pueda llamarse “recuperación” el cambio de una persona, tiene que “parecerle bien” y “querer”, es decir tiene que ser una respuesta formulada desde la inteligencia y la libertad, lo que nos constituye como personas
  • Los pasajes donde aparece un Jesús enérgico, contundente, violento (Mc 3, 1, 5), nos dicen que no se puede pactar con la injusticia o la mentira. No es evangélico inhibirse, hay que reaccionar con claridad. Pero esa contundencia no se olvida de la “recuperación” del otro y le duele que la rechace.
  • Cuando Jesús pierde todos sus “derechos” es para salvar los de los demás (Jn 18, 3-9). Los derechos humanos (DDHH) empiezan por los demás. Jesús salva los derechos de todos los que le acompañan, pero pierde los suyos, como los grandes defensores de los DDHH que han perdido la vida: Gandhi, Martín Luther King, etc. La Declaración Universal de los DDHH es un hito en la Historia, pero hoy por hoy millones de personas siguen careciendo de los derechos más elementales. Y es que, propiamente, el único sujeto de derechos es el niño pequeño, hasta tal punto que si sus derechos no son satisfechos, muere. El adulto lo será si pasa a convertirse en sujeto de deberes, y por tanto capaz de responsabilizarse, en eso consiste la madurez. Los DDHH, para una persona responsable, ¡y más para un cristiano!, tienen que empezar por los demás. Si no, se convierten en una actitud individualista (mirarse el ombligo) y cínica que provoca rechazo.

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Es decir, frente a la inhibición y a la  agresividad,   estaría la asertividad: no se puede pactar con la mentira, pero tampoco se puede utilizar la verdad como pretexto para eliminar al otro o para imponerla…; porque la verdad si la impongo deja de serlo, por lo pronto, para el que se la impongo y, lo que es más interesante, se le incapacita para acceder a ella. Jesús, ante la realidad negativa, nos ofrece una actitud compleja, pero rica y recuperadora: no pactar con el mal, pero tampoco eliminar ni descalificar definitivamente al que lo provoca.

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LaS PALABRAS de Jesús

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  • Aviso: Mt 5, 38-48 y Lc 6, 27-36. El “ojo por ojo”, la venganza, es la descarga compulsiva de nuestra agresividad y produce una gran satisfacción. Jesús invita a amar a los enemigos imitando la actitud recuperadora del Padre, “que hace salir el sol sobre malos y buenos”. No podemos vengarnos repitiendo la agresión que criticamos “por justicia”; Jesús nos avisa de que tengamos cuidado con un mecanismo que se nos dispara por el mal que nos rodea y puede convertirse en un factor multiplicador del mal.
  • Alternativa: Mt 20, 20-28. En la lucha por el poder, por ocupar los primeros puestos, suele prevalecer la ley del más fuerte. Pero, si nos fijamos, en nuestra valoración personal ocupa el primer puesto aquella persona con la que puedo contar, sea la hora que sea, en las circunstancias que sean, en cualquier dificultad. Es decir, aquella que es para mí como si fuese mi “servidor”, mi “esclavo”. Y es que la valoración de una persona se mide por el nivel de agradecimiento que despierta en nosotros, no por la admiración. Admiramos, con demasiada frecuencia, lo que envidiamos, pero agradecemos lo que es válido y estimamos de verdad. Una vez más, parece que el Evangelio es verdad. Y es que para Jesús, la única alternativa al poder, es el servicio. Dar la vida.
  • Urgencia: Mt 5, 25-26. La cárcel no “elimina”, pero sí “aparca”, “quita de en medio” al que de alguna forma perturba mi “seguridad”. Es una “justicia” que no suscita la recuperación del “injusto”. Es mejor, pues, arreglarnos entre nosotros y abrir a la recuperación.

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… PORQUE ELLOS HEREDARÁN LA TIERRA

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Esta es la “recompensa a la que apunta esta Bv: la tierra prometida, una realidad en la que no solo nadie queda eliminado, sino en la que es respetada la identidad de cada uno, tal y como la describen las imágenes de Is 11, 1-9 e Is 65, 17-25. “Lobo y cordero pacerán a una, el león comerá paja como el buey, y la serpiente se alimentará de polvo: no harán más daño ni perjuicio en todo mi monte santo”, es decir, todo sigue igual “en su Monte santo”, pero “no harán más daño ni perjuicio”.

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La apuesta no es la eliminación sino el encuentro sin dejar de ser lo que somos. No se trata de eliminar ni excluir, estamos llamados a entendernos sin que nadie pierda su identidad. Esto cuestiona todos nuestros simplismos. Es compleja la apuesta, pero es más verdad que nuestras simplezas, sobre todo porque apunta a la vida.

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Esta Bv nos enfrenta con el problema del poder, y nos previene del riesgo de la agresividad, ofreciéndonos la única alternativa del servicio, y la solución de la recuperación. Es una oferta llena de vida.

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Por César Caro