SONRÍE y sé feliz – BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS – Las Bienaventuranzas. por Adolfo Chércoles!

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SONRÍE Y SE FELIZ

Las Bienaventuranzas con Adolfo Chércoles

QUINTA: BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS

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En la anterior Bv quedó claro que la vida “hay que darla, hay que dejar de “mirarse el ombligo” si no queremos terminar “hartos” y sin “sentido” en la vida. Sin embargo queda pendiente un problema: ¿desde dónde hay que darla? Esto es lo que va a plantear esta Bv.

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La palabra misericordia vemos que está compuesta de “miseria-corazón”: tener compasión (corazón) hacia la miseria. Es decir, relaciona miseria y corazón, o dicho de otra forma, el que “tengan misericordia de mí” supone que tengo “miseria”. Para un judío, tras la experiencia de ser forastero y esclavo en Egipto, puedo tener misericordia en la medida en que he experimentado la miseria, o dicho al revés, no puedo tener misericordia si no he experimentado la miseria (Ex 23, 9: “No oprimas al forastero; ya sabéis lo que es ser forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto”).

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Dicho esto, podemos plantear el problema de esta Bv, y va a ser la propia imagen. Todos tenemos una imagen de nosotros mismos. Nacemos sin ninguna programación y tenemos que hacernos una idea de lo que queremos ser. Esta imagen, necesaria, puede ser más o menos personal o ambiental, pero sin imagen no podemos vivir.

La experiencia de Jesús

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  • Jesús, ¿se sintió él mismo miserable? Según los Sinópticos, Jesús aparece en lo que llamamos su “vida pública”, ‘haciendo cola, la cola de pecadores que van a que Juan los bautice (Mt 3, 11-17). La manera de presentarse en público no puede ser más contraproducente, empezando por el que estaba “abriéndole camino”: “soy yo el que necesita ser bautizado por ti…”. Sin embargo, esta forma “chocante” de empezar su misión es avalada por el Espíritu de Dios.
  • En Heb 2, 17-18 y 4, 15-16, cuando se habla del carácter de Jesús como sacerdote, se dice que para hacerse cargo de nuestra debilidad, tuvo que asumirla; si no, no hubiese podido tener misericordia. Al santón, al que se las da de “perfecto”, al que todo le ha salido bien, no nos acercamos confiadamente, antes nos sentimos humillados ante él. Pero a Jesús podemos acercarnos porque sabe de humillaciones y de pruebas. Sabemos que Jesús experimentó la tentación, se sintió despreciado (¡un nazareno!), estuvo hundido… Todo esto le posibilita poder ser misericordioso, y saber que vamos a alcanzar gracia, y no una “reprimenda”.
  • Podemos caer en la cuenta hasta qué punto es verdad que lo más bajo es lo más universal; y además, es lo más accesible. Lo vemos en Lc 7, 36-50: la mujer pecadora estaba segura de que no iba a ser rechazada por Jesús en aquel contexto de “santidad legal”. Ella sabía que tenía libre acceso a Jesús. Él iba por la vida siendo accesible a TODOS, tanto el fariseo como la prostituta. ¡El lugar más bajo es el más universal!
  • La vida hay que darla, y la manera de darla es el servicio, pero ¿desde donde lo hacemos? Parece ser que desde arriba no podemos servir. La misericordia es desde la debilidad y la implicación, en reciprocidad, sintiéndose hermanos.

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LaS PALABRAS de Jesús

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  • Mt 11, 29: “…aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón…”. Humildad viene de humus que en latín quiere decir tierra, suelo. Es estar “abajo”. Decía Sta. Teresa: que la humildad era ‘andar en verdad’, relacionarnos desde lo que somos, de hermano a hermano. No dejar de pisar el mismo “suelo” que los últimos. Este mantenerse “abajo” de Jesús posibilitó que todos pudiesen llegar a Él.
  • Mt 23, 1-12: “no os dejéis llamar”:

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Maestro: el Bolín, un gitano que coordina una escuela de alfabetización de adultos en Granada desde 1984 formuló una frase que es un auténtico “versículo perdido” del Ev y que él se encontró buscando basura. Explicando cómo funcionaba la escuela llevada por gitanos y en la que ninguno tenía ningún título, sino que simplemente sabían leer, dijo: “Como ninguno somos maestros, todos nos podemos ayudar”.

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Padre: una “ayuda” desde arriba degrada al que la recibe, porque no se puede suplir y es infantilizar y crear dependencias (paternalismo). En cambio, cuando hay fraternidad real se da una ‘solidaridad sumergida’: “Hoy por mí, mañana por ti”. Como en los pueblos de los cincuenta, donde el compartir desde la carencia era constante. Se trata, pues, de ser hermanos, o sea, iguales, y no “padres” desde el desnivel. El servicio es ‘echar una mano’, no ‘llevar en brazos’; un servicio-protagonista es contradictorio. Un servicio es tal cuando es modesto y oportuno: respuesta a una necesidad escuchada. Es decir, no se puede imponer, porque deja de serlo para la persona que lo recibe.

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  • Lc 18, 9-14: el fariseo se siente “justo” (¡y desprecia a los demás!) y el publicano se siente pecador. No hay posibilidad de acceso a Dios, por mucho que en nuestro interior así lo sintamos, si existe una ruptura con los hermanos. Es más, la ruptura con Dios parece medirse por la ruptura con el hermano, no por el ‘pecado’.
  • Mirando el pecado de Judas y el de Pedro vemos que para uno, el pecado fue su destrucción; para el otro su verdad y recuperación. El problema está en cómo vive cada uno sus fallos. Judas llegó a arrepentirse y devuelve el dinero, pero, desesperado, se ahorca. Esto es lo que se llama culpabilidad: reconozco mi fallo que no acepto, y me rechazo a mí mismo: siento “necesidad de ser castigado”. Como a Judas no lo castigan los escribas y fariseos cuando les cuenta su traición, se ahorca. Por tanto, esta manera de reconocer nuestros pecados es muy peligrosa. Uno vive el fallo desde su yo y siente asco y desprecio de sí mismo. Por eso Judas no volvió con sus compañeros. le daba vergüenza (“el qué dirán”). En la culpabilidad sólo me preocupa que yo he quedado mal, mi imagen rota, no el daño que he hecho.

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En Pedro, sin embargo, su fallo le llevó a su recuperación: se encontró con su verdad (que no era lo que él se creía); se encontró con sus hermanos (el día de la resurrección está con ellos habiéndoles confesado sus negaciones); y se encontró, sobre todo, perdonado por Jesús. Por eso no se hunde sino aprende de su fallo a sentirse débil y hermano de los demás (no “el mejor”), y cambia. Pedro no vivió el fallo desde su yo: lo que le dolía era la situación de Jesús. Por eso no le importa “qué dirán” sus compañeros y se lo cuenta todo.

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Es decir, la culpabilidad no cambia sino destruye; el reconocer el propio pecado sintiendo el mal que se ha hecho (no lo mal que he quedado) lleva a aceptar el perdón y quiere recuperarse y cambiar.

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… PORQUE ELLOS ALCANZARÁN MISERICORDIA

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¿Qué misericordia podemos alcanzar si no queremos asumir y confesar con los demás la propia miseria? Ahora bien, ¿es que “disculpa” el pecado? ¿Deja de tener seriedad el pecado? ¿La misericordia de Dios deja sin alcance a la justicia?

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“‘Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.” (Lc 23, 34). Las palabras de Jesús expresan esta profunda percepción humana: que el gran problema del ser humano es su posibilidad de cegarse y hacer el mal. Esta dimensión de ignorancia en el pecado es lo más des-culpabilizador que podamos imaginar. Con lo cual se posibilita la recuperación. Jesús nunca restriega el pecado cometido; denuncia el  mal, la mentira, el cinismo y la hipocresía… pero nunca cierra el camino para la recuperación.

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En definitiva, la misericordia de Dios hacia nosotros, no es desde arriba, que echa en cara, sino desde abajo, haciéndose cargo de nuestras debilidades, no para “pasar la mano”, sino para abrirnos los ojos y responsabilizarnos. La culpabilidad, la “imagen herida”, imposibilita vivir la misericordia de la que nos habla esta Bv. Experimentaremos y tendremos misericordia en la medida en que tengamos el valor de acceder a la miseria real, y no de parapetarnos en nuestra imagen.

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Porque ellos alcanzarán misericordia, una misericordia que no degrada ni humilla, sino todo lo contrario, que responsabiliza y recupera.

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Por César Caro