SONRÍE Y Sé Feliz – BIENAVENTURADOS LOS PERSEGUIDOS… Las Bienaventuranzas. Por Adolfo Chércoles!

Share on facebook
Share on twitter
Share on pinterest

SONRÍE Y SE FELIZ

Las Bienaventuranzas con Adolfo Chércoles

OCTAVA: BIENAVENTURADOS LOS PERSEGUIDOS POR CAUSA DE LA JUSTICIA

 .

Es la más larga en su formulación. Al versículo 10, que es el que encabeza esta página, se añaden dos más: “Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.” En el versículo 11, el término justicia  es sustituido por la frase por mi causa,  y en el 12 sencillamente se constata que esto no es ninguna novedad, pues siempre se ha perseguido a los profetas. Las dos aclaraciones tienen su importancia.

.

Si lo que Jesús nos ha ido planteando a lo largo de las 7 Bvs que llevamos vistas es, desde el “¿qué nos parece?” y el “si quieres”, sencillamente seguirle, no precisamente en una ideología (en las ideas), sino en su vida, su forma de ir por la vida, esta última identificación de la justicia con el mismo Jesús, ilumina grandemente el alcance de esta Bv. No cualquier “justicia” que nos cause persecución va a hacernos “bienaventurados”, sino la que posibilite el “Reino de los cielos” en presente; la “fraternidad objetiva” de la que hemos hablado en las anteriores Bvs.

.

Esto no es ninguna novedad, siempre han sido perseguidos los profetas verdaderos, mientras los “falsos” han sido aplaudidos. Es decir, el ser humano siempre se ha buscado “profetas” que justifiquen sus cinismos, -¡los necesita!-. Pero el profeta que nos enfrenta con la propia incongruencia (“cara dura”), nunca lo hemos querido. Nos encantan los profetas que fustigan (“ponen verdes”) a los demás, pero nunca aceptaremos a los que desenmascaran nuestras justificaciones: a éstos,  los perseguimos.  Quizás no esté de más que cada uno de nosotros nos preguntemos cuales son nuestros  “profetas perseguidos”, pues cada cual tendrá los suyos.

.

Esta Bv expresa todo el dinamismo que la aparente pasividad de las anteriores provocan en el “mundo”. Por otro lado va a ser el único “control” o comprobación de que se viven las anteriores.

.

.

La experiencia de Jesús

.

  • Jesús fue perseguido, pero él nunca buscó la persecución y nunca se sintió víctima. En Mt 12, 14-15: “Pero los fariseos salieron y tomaron en consejo la resolución de perderlo. Sabiéndolo, Jesús se alejó de allí…”. Jesús al enterarse de la amenaza se quita sencillamente de en medio. El “héroe” no hubiese tenido esta reacción. Pero tampoco aparece el “lloriqueo”, pues el Ev comenta a renglón seguido: “Le siguieron muchos y los curó a todos. Y les mandó enérgicamente que no le descubrieran…” y el evangelista cita a Is 42, 1-4. Pero nada de victimeces (de ir siempre quejándose por la vida).
  • Jesús fue perseguido por su postura respecto al sábado (Mc 2, 23 – 3, 6): para Dios la persona humana está en el centro, no la Ley. También por aproximar a Dios excesivamente a nuestra realidad (Jn 10, 30-33: “Yo y el Padre somos uno”). Es decir, ahora tenemos claro el sentido de la justicia: una justicia que recupera y salva al hombre, porque Dios mismo se hace cargo de nuestra debilidad. La “justicia” de la que hay que tener hambre no es ni la “propia justificación”, ni el “ojo por ojo”, ni siquiera la Ley  de Moisés que nos “justifica”, sino un Dios hecho carne que nos sale al encuentro cotidianamente en el que sufre cualquier carencia, mal, injusticia.
  • Pero aquí viene la sorpresa: ninguna de estas razones por las que fue perseguido Jesús desencadenaron su detención. La “hora” de Jesús, el momento que desencadenó su persecución eficaz, fue la resurrección de Lázaro (Jn 11, 45-54). “Muchos creyeron en Él”, pero ante esto el “consejo” va a centrar su atención en la dimensión política, no precisamente la religioso-teológica: “Si le dejamos que siga así, todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación”. Conocían a los romanos perfectamente. Sabían que respetaban todas sus tradiciones y cultos, pero no transigirían el menor síntoma de levantamiento popular. Les entró miedo. La persecución decisiva pues va a girar en torno a algo vergonzoso, que nadie se atreve a confesar: el miedo. Para obviar (evitar) el “peligro”  permanente de los romanos, Jesús va a ser utilizado como “chivo expiatorio”: “Os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación”.
  • Si la motivación principal es “una porquería”,  el proceso es una auténtica “guarrada”: todo él va a consistir en buscar justificaciones en el sentido más peyorativo del término y que ya hemos explicado detenidamente en  las Bvs 6ª y 7ª. Tienen que convencerse a sí mismos y  luego a Pilato, de que hay razones “serias” y “dignas” para condenarlo, porque no se pueden confesar las verdaderas: el miedo a una sublevación y la posterior reacción de los romanos.
  • En el proceso religioso, la acusación gira en torno a que Jesús se identifica con el Templo (Mt 26, 59-63 y Jn 2, 18-22) y se llama a sí mismo “Hijo del Hombre” (Mt 26, 63-66 Mt 25, 31-46). Son los dos datos cristológicos centrales del NT: El cuerpo de Jesús es presencia de Dios y el Cristo (Mesías), el Hijo de Dios,  es el Hijo de Hombre de Mt 25, 31-46 identificado con todo aquél que tiene una necesidad o carencia, y desde ahí nos va a juzgar. Es decir, el misterio del  Mesías se nos desvela  en la debilidad, en los últimos.
  • En el proceso político, se trataba meterle un gol” a Pilato, y que él mismo lo condenase por revolucionario. La clave está en Jn 18, 33-40, el diálogo entre Jesús y el procurador romano. “Mi Reino no es de este mundo”. Pilato lo tomaría por un demente y le pregunta con sorna: “¿Luego tú eres rey?”. Y en el momento más decisivo, desvela no solo su identidad sino su misión: “Sí, como  dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”. Este Rey no es de este mundo,  como ‘este mundo’ concibe lo supremo, lo más digno, la ‘garantía’, pero sí está en este mundo, juzgando desde donde se juzgan al final todas las cosas: desde lo más bajo (de nuevo Mt 25, 31-46). Sólo cuando Jesús está identificado con lo más bajo, lo más despreciable, declara su realeza, unida inseparablemente a su misión de dar testimonio de la verdad.
  • “Aquí tenéis al hombre”. Este es el momento culminante: cuando ha descendido más bajo, es cuando se puede decir que la única dignidad que le queda es la de hombre. Es lo que debemos irnos preguntarnos a lo largo de esta Bv, y que ya Jesús nos lo subrayaba al añadir a su formulación “Bienaventurados seréis cuando os injurien…” Es una de las frases más chocantes de todo el Ev, pero de las más desenmascaradoras de todas nuestras mascaradas. Hemos convertido la dignidad de la persona en algo susceptible de ser ‘otorgado’ (algo que se puede dar) o ‘quitado’, y la dignidad humana es algo intocable. Consiste en el hecho de ser persona humana, aunque uno no viva como tal o los demás no te la reconozcan y la degraden.
  • En esta Cristología singular que estamos escudriñando (estamos buscando) entre lo que podíamos denominar los ‘escombros’ de la Humanidad, donde parece converger lo más degradado (vergonzoso) del ser humano, surge el Hijo de Dios: el título más ‘alto’ en el lugar ‘más bajo’.

 .

.

LaS PALABRAS de Jesús

.

Sobre la persecución Jesús habla en Mt 10, 16-39 y ofrece unas claves de comprensión que iluminan esta Bv:

1)      El mal que rodea al ser humano le afectó a él “como uno de tantos”: “no está el discípulo por encima de su maestro, ni el siervo por encima de su amo”.

2)      No reducir el Ev a lo privado: “No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse”. El Ev es para todos y para vivirse a la intemperie. Es decir, solo confrontándolo con la realidad lo entenderemos.

3)      Que el temor no nos paralice: “No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”. El temor a la persecución  puede llevarnos a nuestra degradación como  personas; la persecución no roza nuestra dignidad.

4)      Fiarnos de Jesús: “Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos”. Jesús no es un “seguro mecánico”, sino una adhesión personal (inteligente y libre).

5)      La paz no es “que  me dejen en paz”“No penséis que he venido a traer paz a la tierra…” (Cf 7ª Bv) La  paz  que trae Jesús no es la ausencia de persecución.

6)      Seguir a Jesús: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí”. La adhesión a Jesús ha de traducirse en un seguimiento sin condiciones, porque Jesús no es una “doctrina” ni una “teoría”, sino una “la Palabra hecha carne”, es decir,  vida, (biografía). Sólo la vida de Jesús puede salvar nuestra vida; de lo contrario, la perderemos.

 .

.

… PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS

.

De nuevo aparece el Reino y en presente.  Dios mismo en persona,  Jesús,   se proclama a sí mismo Rey (suprema “dignidad”, pero que “no es de este mundo” porque nadie la puede otorgar), con la misión de dar testimonio de la verdad, cuando lo hemos desposeído de toda “dignidad” y “prestigio”.

.

Después de estas ocho apuestas de Jesús por la felicidad sin darle la espalda a la realidad, después de habernos ido preguntando ¿qué nos parece? si queremos, podemos plantearnos si “descolgamos” la fe, que es lo mismo que descubrir que el seguimiento de Jesús es una respuesta válida para nuestra vida y que decimos “sí”.

.

Decíamos cada Bv iba a plantear un problema que afectaba a toda persona y llevaba consigo una tentación; y su apuesta era de cara a posibilitar “objetivamente” la fraternidad. Esta objetivación de la fraternidad es lo que hace presente el Reino de los cielos en el que, no solo es verdad la paternidad de Dios, sino nuestra relación fraterna en reciprocidad (de unos con otros). Pero el recorrido por las ocho apuestas no ha consistido en una reflexión, sino en la contemplación, fundamentalmente, de cómo Jesús las vivió y  en la constatación de que “el Ev  es verdad porque es verdad, no porque sea Ev”.

.

Este es el momento de preguntarnos qué nos parece la afirmación de Jesús en Jn 14, 6: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”

.

           Yo soy el Camino: No hemos nacido programados, lo hemos repetido varias veces: tenemos que apostar por algo en la vida, buscarnos un camino. Y no cualquier camino es “acertado”. ¿Qué nos parece la apuesta de Jesús de cara a los problemas fundamentales del ser humano? ¿Tenemos otro mejor?

.

Yo soy la Verdad: La verdad es lo que todo hombre busca y nunca agota. Es en ella en lo que toda persona se apoya para “justificarse”. Sin embargo, la verdad es una, y nadie puede asegurar que la posee completa y definitivamente. Jesús nos ha ido abriendo a ella preguntándonos “qué nos parece”. Es su misma persona la que se ofrece  como clave de nuestras búsquedas, una clave que no podemos agotar y que no es abstracción (una idea), sino “la Palabra hecha carne”.

.

Yo soy la Vida: La vida es el don por excelencia. En ella nos lo jugamos todo. S. Ignacio decía que Jesús era la vida verdadera. Y es que la vida tiene que “merecer la pena”, pero todos sabemos que hay vidas que “dan asco”. Jesús como vida,  ¿qué nos parece?, ¿queremos?

.

En una palabra,  ¿descolgamos la fe? 

.

Vamos a terminar con una parábola a la que nunca acudimos. Como todas ellas, recoge  situaciones reales, al margen de su “ejemplaridad” (prescindiendo que lo que pinta es un abuso). Lc 17, 7-10: “¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: ‘Pasa al momento y ponte  a la mesa?’. ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido y después comerás y beberás tú?’. ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que se le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue ordenado, decid: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer”.

.

La parábola nos desconcierta. No nos gusta. Sin embargo viene a desmontar nuestros “heroísmos”. Creo que ha quedado claro que el servicio es clave en la vida humana. El propio Jesús afirmó que “no había venido a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate por muchos”. Pero ¿solo él, o toda persona? Por otro lado hemos constatado que no cualquier servicio puede definirse por tal. El servicio tenía que ser modesto, sencillamente “echar una mano”. Nos encontraremos como hermanos si sencillamente nos servimos recíprocamente,  sin protagonismos ni competitividades. En definitiva es recuperar la sencillez, el ser uno de tantos.  

.

.

Por César Caro