SONRÍE y sé feliz – BIENAVENTURADOS LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED… – Las Bienaventuranzas. por Adolfo Chércoles!

Share on facebook
Share on twitter
Share on pinterest

SONRÍE Y SE FELIZ

Las Bienaventuranzas con Adolfo Chércoles

CUARTA: BIENAVENTURADOS LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED DE JUSTICIA…

 .

La cuarta Bv toca el problema de los deseos. Somos un “puñadito de deseos”, nos guste o no, y siempre lo seremos. Si de repente desapareciesen de nuestra vida los deseos, habría que llamar al médico. El problema es dónde y cómo están enganchados. Porque el deseo es siempre de algo. Y además, la experiencia del deseo es tramposa: “hartarse” de algo puede expresar una expectativa ilusionante y al mismo tiempo la frustración del deseo (por ejemplo, “fui a Huelva a hartarme de fresas… y acabé harto”)..

.

Freud afirma que el primer y único deseo que tuvimos al nacer fue hambre – sed. El niño, a través de ese deseo, va a abrirse al mundo a través del pecho de su madre. Donde parece que sólo está satisfaciendo su instinto de conservación, está abriéndose a la realidad, a la relación interpersonal. Más aún, aquí tiene sus raíces la libido, la expresión básica del dinamismo humano, con su irrenunciable dimensión sexual.

.

La sexualidad humana, que informa todo nuestro ser persona, no está programada por el instinto (como en los animales) y es tremendamente plástica, es decir, que su manifestación no tiene por qué ser genital, puede ser reprimida (lo cual es negativo) o sublimada, es decir, encauzada hacia otras finalidades. Freud observó que la libido que se expresa en la genitalidad está llamada a “extinguirse en la satisfacción”, en la descarga que se da cuando el fin sexual es alcanzado. Para “crear lazos más duraderos”, es decir, para que nos dé un “sentido” (que no sucumba en la “satisfacción”= ¿hartura?), tenemos que engarzar esa energía (deseo) con las tendencias sublimadas, como la ternura.

.

La experiencia de Jesús

.

  • Mt 4, 1-4 describe la primera tentación de Jesús en el desierto. Tentación es trampa, engaño. Es percibir exactamente lo contrario de lo que realmente es. Y esta percepción es positiva, atrayente. Ahí está el peligro de la verdadera tentación, en que no se percibe su peligro por la fuerza de su atracción. Aquí la tentación no es “hacerse el bocata”, pues Jesús tuvo que comer, sino en creer que “solo de pan vive el hombre”. Es la alucinación del deseo, que comienza por dinamizarnos para terminar hartándonos. Que necesito cosas, que soy un ser-de-necesidades, es evidente. Pero no es cierto que sea solo ser-de-necesidades. Podemos alucinar cuando el deseo se apodera de nosotros. Sin embargo, el deseo es irrenunciable, su desaparición es una enfermedad grave. Pero la alucinación lo acompaña: es la tentación que lleva incorporada. Y la gran tentación de nuestra sociedad de consumo es creer (¿alucinar?) que si no  satisfacemos las innumerables “necesidades” que se nos ofertan, seremos unos desgraciados.
  • Mt 14, 13-21 y Mt 15, 32-39: el hombre vive de pan, es un ser necesitado. Jesús pasó hambre porque era, como nosotros, un ser-de-necesidades y,   sobre todo, no soportó el hambre ajena; más aún, se nos va juzgar desde el hambre de los otros (Mt 25, 31-46). Pero, al mismo tiempo nos avisó que el hambre (el deseo) lleva consigo la tentación de creer que somos puro ser-de-necesidades y que éstas dan respuesta a nuestras expectativas.

 .

LaS PALABRAS de Jesús

.

  • En el diálogo con la samaritana (Jn 4, 1-42), todo empezó en un pedir agua para beber. Partiendo de esta primera necesidad, Jesús va dejándole caer a la mujer que “hay otra agua”, hay otras dinámicas tan irrenunciables como la sed fisiológica y hay que preguntarse por ellas. Jesús la conduce a reconocer otro deseo, que es la meta de nuestras búsquedas y que San Agustín plasmó en sus Confesiones: “Tú impulsas a que deleite el alabarte, ya que nos has hecho para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti” (Conf. 1 1.1).
  • Jn 6, 26-35: ‘En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado.  Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna (…)”. Jesús se presenta como pan de la vida, es decir, como única alternativa a la “hartura”, porque la hartura no es vida. Jesús como “dinamismo” del ser humano, como vida. Jesús, en la Eucaristía, se presenta como  “clave” de esa búsqueda suscitando una dinámica, no una saciedad, o dicho con las  palabras de Freud, va creando “lazos duraderos”, dando un “sentido” a la vida. El pan como alimento básico y elemental y el vino como bebida imprescindible en cualquier fiesta, ambos símbolos están dando respuesta al hambre-sed, punto de arranque del deseo (energía= dynamis) del ser humano, lo más directamente relacionado con la vida: sin qué “llevarnos a la boca” no podemos subsistir. Es decir, Jesús va a ligar su presencia sacramental a algo tan elemental y necesario en la vida como son el alimento material (pan) y el compartir en “fiesta” (vino). Sin ambas cosas no puede hablarse de vida humana. Jesús confesó que había venido a “servir y dar su vida”. ¿Cómo? Como alimento, puesto que el que pierda su vida la encontrará.
  • Haced esto en memoria mía”. Es decir, es un recuerdo que hay que hacer: el “celebrar” la Eucaristía debe llevarme a “dar la vida”, como si fuese “alimento”. Es decir, la Eucaristía no es algo que está llamado a “celebrarse”, sino a “hacerse”. Dicho de otra forma, en la Eucaristía yo dejo de ser el centro para convertirme en pura donación.
  • La madurez es dejar de ser el centro, dejar de buscar la satisfacción de mis deseos y necesidades (“mirarme el ombligo”) para, por mi libertad, dar vida a mi alrededor: darme como alimento. Ser adulto es operar un cambio de signo en el sentido de nuestros deseos, de centrípetos a centrífugos. Con precisión lo expresa el NT en 1 Jn 3, 16: En esto hemos conocido lo que es amor: en que Él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos”.

.

.

… PORQUE ELLOS SERÁN SACIADOS

.

Mt 13, 44:El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va vende todo lo que tiene y compra el campo aquel”.

.

¿Cuál es la dinámica que genera en nosotros este tesoro que es el Reino? La breve parábola sugiere, por lo pronto, la sorpresa de lo inesperado, es decir, está ligado más al don que al esfuerzo. Pero además es tal el hallazgo (lo desmesurado, lo que desborda mis expectativas) que todo pierde valor al lado de lo que he encontrado y eso me lleva a “vender todo lo que tengo”. Y la señal de que sobrepasa todas mis expectativas es que este deshacerme de todo lo que tengo lo llevo a cabo “lleno de alegría”.

.

Lo único que puede llenar nuestro corazón es el Reino, y cuando así sea, traerá la alegría frente a tristeza; plenitud, totalidad, frente a parcialidad que siempre “harta”; sorpresa, don, frente a lo previsible; liberación gozosa de todo aquello que me daba seguridad porque la pongo ahora en lo que sobrepasa todas mis seguridades. Nuestro deseo será pues definitivamente colmado: “Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed” (Jn 6, 35).

.

.

Por César Caro