Compartimos una propuesta de oración con la primera de las Bienaventuranzas.

PEDIMOS EL  ESPÍRITU, para que nos ayude a orar.

La primera bienaventuranza podría formularse así: «Felices los que eligen ser pobres, porque sobre ellos Dios puede ejercer su reinado». Dejan que Dios actúe en ellos, convirtiéndose así en «cauce» a través del cual Dios, el Misterio de Vida y de Amor, se manifiesta y fluye. ¿Qué me dice esto?

Postura de meditación. RESPIRACIÓN PROFUNDA… al coger aire pronunciamos el Nombre de Jesús, lentamente… 

Hay otra cita evangélica que también promete lo mismo que esta primera bienaventuranza… es a los niños a quienes JESÚS promete el Reino de Dios. 

Visualiza un bebé durmiendo tranquilamente en los brazos de su madre. Está feliz, porque se siente seguro, porque no necesita nada, porque sabe que lo tiene todo. Recrea tu niño o tu niña interior. ¿Hay algo que te turba y te quita la paz, la confianza…? ¿algo que no te permite hoy descansar como un bebé? Imagínate en brazos del Abba Dios, o de María… ¿qué cambia en tu vida? 

Concreta las dificultades que tienes ahora mismo para vivirte como un pobre, como una sencilla criatura, como un niño… ¿qué te lo impide? ¿algo que te ata? ¿alguna ilusión en la cual tienes puestas tus esperanzas de ser más? ¿cómo te deja por dentro el deseo de verte así, tal como eres?

RESPIRAMOS PROFUNDAMENTE y retomamos la conciencia del AHORA.

Terminamos con un poema de Pedro Casaldáliga: 

“No tener nada. 

No llevar nada. 

No poder nada. 

No exigir nada. 

Y además, no matar nada. 

No callar nada. 

El Evangelio, tan solo, como una navaja afilada. 

Y el llanto y la sonrisa en la mirada. 

Y la mano extendida y apretón de manos. 

Y la vida, a caballo, dada”. 

Imagínate actuando así y, si lo necesitas, convierte este poema en oración.

SILENCIO

Despacio salimos de la relajación. Recitamos el Padre Nuestro, con las manos extendidas como las tienen los pobres necesitados de la ayuda de Dios.