TE MIRA COmPASIÓN Cristina Sáenz. JMOV16

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TE MIRA COmPASIÓN
Cristina Sáenz

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1. Cuéntanos brevemente quién eres, dónde vives y qué haces…

Cris Lousa San Andrés de Teixido 3

Me llamo Cristina Sáenz de Cenzano Lousa, soy juniora de la Congregación de las Religiosas de Jesús-María, vivo en una comunidad situada en un barrio marginal de la ciudad de Sevilla. Mi tarea principal es coordinar y acompañar niños, jóvenes, familias y voluntarios que participan en un proyecto educativo de Caritas destinado a la infancia y adolescencia. También colaboro en el Centro Arrupe de Sevilla y en las actividades de voluntariado que ofrecemos como comunidad de religiosas que vive en el barrio. Es una suerte poder caminar entre estas dos orillas tan diferentes de la realidad de Sevilla.

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2. ¿En qué momento se encontró tu mirada con la de Jesús?

A medida que releo mi historia, veo desde pequeña diferentes rostros protagonistas de situaciones que debían de despertar en mí compasión y bondad… en el cole, en mi clase, entre mis amigas, en mi familia…. mis profesores decían que era una “abogada de pleitos pobres”. Recuerdo que con Jesús hablaba de ellos con familiaridad… imagino que Él sería quien me iba dando una mirada de “abogaducha” pero llena de sentido. Más adelante, experiencias de voluntariado fueron despertando mi sensibilidad y llenando la insatisfacción que sentía ante la vida. Un Cristo de Javier que sonreía a pesar de estar sufriendo fue y es una mirada llena de sentido hondo… el pueblo boliviano, me enseñó su mirada llena de ternura escondida… y hoy nuestra mirada se encuentra cuando siento mi capacidad de amar como gracia Suya… “Si no permanecemos en la vida amando, el amor no permanecerá dentro de nosotros”, escribió alguien.

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3. Si piensas en tu vocación, ¿qué hace que tu mirada sonría?

Últimamente, después de releer estos últimos años de mi vida, como un tiempo de misterio pascual y ahora con la certeza de que es Dios quien sostiene a los rostros que miro cada día, puedo decir que, aunque muchas veces haya que excavar mucho y sólo lo vea y lo sienta a fogonazos, tengo la certeza honda de que me siento sostenida por un Dios que nos ama antes de que nosotros seamos conscientes… sonrío cuando por dentro me sorprende de esa manera… viendo el mundo, la historia y la vida, como un misterio más grande de lo que podamos pensar, sentir o intuir, sostenido sin que muchas veces sepamos cómo, por su bondad y su misterio, donde todos somos hermanos. Esto despierta en mi eso que le llaman capacidad de amar, que me lleva a desear encontrarlo como raíz de cada realidad, que alienta la vida… deseando acoger desde Su presencia en mi corazón, a cada rostro y confiando en que es Su presencia en el corazón del otro la que nos acoge.

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4. ¿Qué miradas concretas crees que necesita la Iglesia hoy?

Mirada que reconozca la interdependencia de unos con los otros, que cree vínculos, que comparta proyectos, que sea un espacio generador de encuentro, dialogo y acogida del diferente.

Una mirada con audacia, creativa, que arriesgue… que se apasione por lo humano… que se fie de eso que muchas veces se dice, de que: “el corazón tiene razones que la razón no entiende”… que nuestro referente sea el corazón de Jesús, porque: ¿Qué corazón más grande que el de Jesús de Nazaret?

Una mirada, que no regale teorías, ni se agarre a la seguridad de las leyes, sino que dé testimonio y que anuncie el Evangelio como fuente de vida, de libertad honda, de presencia que acoge, que sana, y que libera.

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5. ¿Cuál crees que es la mirada propia de tu carisma vocacional?

Por dentro vibro con una humanidad reconciliada…me gusta imaginármela, y siempre termino viajando a una isla virgen donde inocentemente todo está en orden para que todo tenga vida. Todo eso lo traduzco en desear ser instrumento de reconciliación, aunque eso a uno le genere heridas… consciente de que el deseo ya es gracia y de que el primer reto para ello es dejarme mirar por Él, a través de cada realidad, de la mirada del otro…

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6. Elige un objeto que asocies con la mirada misericordiosa y dinos por qué

csElijo, un yoyo. En él, yo soy el hilo…

El centro sería Dios, donde el hilo no solo está sostenido por El, sino que también se recoge en el misterio y en esa presencia que acoge, que sana, que es fuente de vida, que es misericordia.

El brazo sería el Espíritu, que me lanza y me impulsa hacia fuera como respuesta a la misericordia recibida.

La mano, sería Jesús, ese Hijo que es referente, que me lleva y me devuelve al Padre. Desde ella por el impulso del brazo, del Espíritu, el yoyo se lanza… el hilo se estira, hacia el encuentro con el otro, sostenido por el Padre, y desde la mano el hilo se recoge, vuelve de nuevo hacia el Padre… se siente acogido, siente la misericordia por la presencia de Dios en los otros, que me acoge.

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Termino de escribir esto con una mirada agradecida. ¡¡¡¡Gracias!!!!

Cristina, rjm.