Tener o no tener la razón

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Un elefante y una pulga alojada en su oreja cruzaban por un puente que, casi incapaz de soportar el peso, se estremeció y crujió. Una vez a salvo, la pulga exclamó enormemente satisfecha: ¡Cómo hemos hecho temblar ese puente! 

¿Es absurdo? Y… ¿qué le dijo la hormiga al otro elefante cuando Noé ponía en fila a todos los animales para meterlos en el arca? ¡Deja de empujar!… ¿Es absurdo? Pero la pulga y la hormiga ¡están convencidas de que tienen razón! 

¿Cuántas veces hemos pensado como ellas? ¡Que teníamos razón!… Dando lugar a roces, piques, situaciones desagradables o incluso conflictos y enfrentamientos. Y una vez pasado ese momento… ¿y si estabas equivocada, equivocado? ¿y si también el otro tenía razón? ¿ha merecido la pena? ¿cuáles han sido las consecuencias? 

Colócate en una postura cómoda, cierra los ojos, haz una respiración profunda y céntrate en los sonidos que te rodean, en cómo aparecen… y cómo van disminuyendo hasta desaparecer: coches, voces de personas… Imagina una situación con una persona con la que discutes a menudo, que te ponga nervioso por su forma de hablar o por sus argumentos. Alguien con quien sabes que no merece la pena llevar la contraria pero que te resulta imposible contenerte. En esa situación, observa los pensamientos que aparecen en tu mente. Posiblemente sean muy repetitivos, ya sabes, los mismos en contra de ella o él. Pero puedes hacer algo distinto, tienes la opción de dejar pasar esas ideas sin que te envuelvan, reconociendo que quizás la otra parte también tenga razón. Para ello, podrías centrarte en los sonidos que te rodeen, atender a un sonido que aparezca… y que desaparezca… hasta que notes que esos pensamientos recurrentes, como los sonidos, tampoco están. 

Y entonces, podrás reflexionar con mayor calma y claridad. De otro modo, tienes muchas posibilidades de comportarte como la pulga y la hormiga, convencido de algo que es absurdo.