TERESITA, ¿HOY?

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Incluso su nombre suena anticuado: Teresita”. Vaya diminutivo repipi. En este siglo postmoderno de sociedades líquidas, cyber robots e Internet… ese nombre no cuela para nada. Hoy las chicas quinceañeras se llaman Carla, Angelina, Tania… y pisan fuerte, muy fuerte.
Lo curioso es que ella también… Aún… Sí, da mucha caña… Sorprendente… Y eso que ya se celebró el Centenario de su nacimiento en aquella Francia del XIX, tan lejana y casi incomprensible para nuestra mentalidad…
Teresita, la de Lisieux (o del Niño Jesús, o “la pequeña flor de Normandía”, como se prefiera) sigue arrasando con su lluvia de rosas” y sus Manuscritos Autobiográficos. El nombre no le hace justicia, porque fue un gigante de la fe, de la esperanza y del amor (esas curiosas 3 virtudes teologales, para los despistados). Quinceañera, entró de monja en el Carmelo Descalzo: rejas, clausura, hábito, velo, llaves y más llaves para puertas y más puertas… Un poco loca sí lo estaba, ¿no? Vivió allí, en el mayor anonimato, sin destacar mucho en comunidad, sólo 9 añitos. Y dicen que es santa, y la declararon co-patrona de Francia y de las misiones, y también Doctora de la Iglesia… Y su fama se extiende por los cinco continentes… Y no tiene mucha explicación lógica, vamos.
Bueno, quizás sí. La locura que le dio era la peor, la más pegadiza, la que según el Cántico de los Cánticos “es fuerte como la muerte”. La locura por el Loco: “el Crucificado”, llamado Jesús, apelado también “el Resucitado”. Vamos, el Hijo de Dios, sobradamente conocido por creyentes, agnósticos y ateos (todos hacen referencia a Él, pero desde diferentes posiciones).
Teresita, hoy… sigue siendo aquella chica, aquella gran mujer, que se dejó fascinar por el Amor, y le entregó TODO. Día a día. Instante a instante. Se dice pronto.
Desde el silencio y la oración, se lanzó literalmente a esa hoguera sagrada que es Dios, y se convirtió en llama que ilumina la noche del sinsentido. Conoció las tinieblas y el terror de la Nada, y las atravesó fiándose de su propio ser: un ser débil, vulnerable. No jugó a ser quien no era. Se fió de su verdad más profunda. La aceptó y asumió, tal cual. Y allí se le reveló el Ser, lo Real, “la Fonte”.
Sí, Teresita. Hoy, más actual que nunca: necesitamos de su audacia y confianza. Para incendiarnos en el fuego del Evangelio.