«tres profetas para un adviento» por miguel ángel vazquez

A un ritmo vertiginoso, y casi sin darnos cuenta, ha vuelto a llegar hasta nuestras vidas, de la mano de los cielos blancos, las hojas mojadas en las calles y las luces entre los árboles, el Adviento. Tras un año trepidante de actividad y actualidad, el camino que nos llevará directos al pesebre nos invita una vez más a recorrerlo.

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El Adviento quizá sea mi tiempo litúrgico favorito de todo el calendario y lo es por varios motivos. Uno de ellos es, sin duda, porque tiene un final feliz y emocionante. Desemboca en la Navidad, en el nacimiento de un ser humano, en un absurdo grande de pura sencillez que sobrecoge, en una esperanza revestida de ternura que me ayuda a creer que la solución de los problemas del mundo se puede abrazar.

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El otro es que es un tiempo dedicado a los profetas, en concreto a tres de mis profetas preferidos, a tres profetas que lo fueron por su denuncia valiente y por su esperanza, tres profetas que encarnan esa frase que intento repetirme cada vez que puedo, ese “no hay mayor denuncia que comunicar la esperanza”. Es el tiempo de Juan el Bautista, Isaías y, por supuesto, María. En esta ocasión les vamos a regalar a cada uno de ellos un espacio dentro de nuestro habitual VER, JUZGAR y ACTUAR. A ver qué sale.

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  • VER (Juan el Bautista):

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jpicjuanJuan es el gran profeta, en palabras del propio Jesús no ha habido ni habrá persona como él. Una persona coherente y contundente que acabará como suelen acabar las personas coherentes y contundentes. En los pasajes en los que vemos la predicación de Juan podemos comprobar hasta qué punto le dolía la injusticia y cómo abogaba por la igualdad de todas las personas a pleno pulmón. Casi podríamos decir que pone los cimientos de la Economía del Bien Común y el acento en esa otra forma de hacer las cosas (ese otro mundo posible) que significará la llegada de Jesús. Juan hablaba así porque conocía la realidad de su pueblo y veía los efectos de la injusticia en sus vecinos. Pensaba yo, dándole forma a este artículo, cómo se hubiera sentido Juan, qué hubiera dicho, si hubiera visto la foto estremecedora de Carmen, la mujer de 85 años desahuciada el mes pasado en Vallekas. Me acordaba de este texto sobre el Portal de Belén Indignado que escribía hace dos años en mi blog ‘Cristianxs Indignadxs’

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“Hoy empezamos con el Portal, que no es poca cosa. Un Portal que existe porque no queda sitio en ninguna posada o porque, habiéndolo, no quieren dejar pasar a la pareja de Nazaret. Un Portal que hoy es el puente, la calle, el banco, que acoge a las familias desahuciadas en el país de los tres millones de viviendas vacías. Es el símbolo de la insolidaridad por un lado y el faro que ilumina nuestra realidad de hoy por otro. Nacer en un portal es una afrenta, algo que debería avergonzarnos, y sin embargo fue así. Lo más grande naciendo en lo más pequeño. Aparte de para hacer profundas teologías o para hacer más pintoresca y costumbrista nuestra representación casera del nacimiento de Jesús, el portal de Belén marca la primera gran realidad, tal vez la primera denuncia en clave de esperanza, de la Navidad. Si queremos buscar a Dios en este tiempo de Adviento, busquémoslo en los desahuciados. Si queremos acoger a Dios, cantarle, llevarle nuestros presentes, acompañarle, hagámoslo desde los desahuciados. Dios va a estar ahí más que en muchos otros sitios.”

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  • JUZGAR (María):

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jpicmaria.

Incluyo, por supuesto, a María como profeta porque lo fue. Lo fue en muchos ámbitos de su vida, empezando por su primer “sí”, pero muy concretamente en esa profunda oración cargada de belleza y de esperanza que es el Magníficat. Es tan completa, refleja tanta denuncia y tanta esperanza, nos habla tanto de la visión de la vida y del mundo que tenía la madre de Jesús (y que sin duda le transmitió), que no necesita mayor comentario. En este mes de Adviento el Magnificat nos vale como nuestro “juzgar” y de oración:

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Proclama mi alma la grandeza del Señor,

y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador;

porque ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava,

y por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:

su nombre es Santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hizo proezas con su brazo:

dispersó a los soberbios de corazón,

derribó del trono a los poderosos

y enalteció a los humildes,

a los hambrientos los colmó de bienes

y a los ricos los despidió vacíos.

Auxilió a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham

y su descendencia por siempre.

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  • ACTUAR (Isaías):

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Qué gran poeta es Isaías. Cuánta belleza hay en sus textos y cuánta inspiración es capaz de salir de entre sus páginas. Sus imágenes tienen tanta riqueza que ciertamente es una lástima que su literatura quede tantas veces restringida al ámbito de la religión. Leyéndolo a nadie le extraña que el propio Jesús eligiera precisamente un texto suyo para iniciar su predicación.

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jpicisaiasIsaías es el profeta de la utopía, del mundo soñado, de esa esperanza a la que estamos llamados a pesar de las sombras que nos rodean, una vuelta al Paraíso perdido en el pasado y a la Gloria que nos espera en el futuro. Viene muy a cuento contar con él para nuestro “actuar” ya que justo a esa utopía es a la que me gustaría hacer un llamamiento a lo largo de este Adviento.

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Parar los desahucios es una utopía. Cerrar los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) es una utopía. Unir a ciudadanos de todo tipo para lanzarse a ganar los municipios en manos de tanto corrupto es una utopía. Cambiar este sistema económico capitalista por uno que ponga a la persona en el centro es una utopía. Acabar con la violencia hacia las mujeres y luchar por una igualdad real que destierre tanto machismo es una utopía. Detener este acelerado proceso de cambio climático es una utopía.

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Es una utopía, sí. Sin embargo, cada día, cientos de mujeres y hombres se levantan en este país y en todo el mundo para verla cumplida. Nosotros, como personas cristianas, ¿qué estamos haciendo? ¿Conocemos a los grupos que trabajan por esto? ¿Tenemos una voz y una mano que aportar o nos quedaremos en la crítica desde el salón o el bar (o la sacristía)? La dignidad de la persona, especialmente de los empobrecidos, nos llama a voces. Parece que vivimos un tiempo histórico en el que el cambio es posible. ¿Vamos a facilitarlo este Adviento? ¿Vamos a allanar el camino al Señor que viene en el desahuciado, en el migrante, en los excluidos, en los pueblos del Sur, en las mujeres ninguneadas y maltratadas, en un planeta que sufre? Ojalá así sea y ayudemos a hacer realidad la utopía de estos tres profetas de la esperanza.

¡Ah! ¡Y no se olviden que habrá final feliz!

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¡Feliz Navidad a todas las acompasadas y a todos los acompasados!

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Miguel Ángel Vázquez

@MAVazquez22

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