Un círculo perfecto: «participación política de los cristianos» – Por Constantino (Tino) Rodríguez sscc

UN CÍRCULO PERFECTO

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La participación política de los cristianos. Seminario de Estudios Laicales. 24 de abril de 2014.

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Comienzo mi participación en seria desventaja. (…) Mi trayectoria es muy escasa. Prácticamente amateur. Más bien me parezco más a ese espontáneo que agarra por capote el chándal de rayas y se echa al albero a torear , con más miedo que vergüenza, pero con el fuego del toreo en las entrañas.

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Mi experiencia política fue casi un suspiro: un rápido y previsible revolcón en las elecciones al parlamento andaluz del 2004. Aquel fue un partido que nació de una plataforma de pensamiento político de ámbito andaluz. En ella nos concentramos personas desencantadas de las reglas de juego que todavía persisten en España: la concentración en los grandes partidos, la disciplina de partido, la ley electoral, la obsoleta división izquierda-­‐derecha… Personas de muy diversa procedencia, pero con un sentimiento común de querer “romper la baraja” y hacer política de otra forma. No es que nos fuera muy bien -­‐más bien nos fue fatal.-­‐ pero de aquella experiencia me quedó un poso muy grato. Uno de los aspectos más positivos fue encontrarme allí a otros cristianos, de procedencia muy diferente a la mía. Cristianos que andaban como yo, erráticos, con la necesidad de atender el bien común pero sin encontrar el cauce adecuado para ello.

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Yo soy cinco años más joven que Carlitos, el pequeño de los Alcántara en “Cuéntame”, así que apenas rocé aquellos días. Demasiado niño para participar de nada, pero suficientemente mayor para sentir que no comprender, la trascendencia de aquel momento. Creo que uno es mayor cuando ve en los libros de historia de sus hijos las cosas que para uno están todavía frescas en la memoria.

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Fueron días en que el cristianismo aportaba valor real a la sociedad: reconciliación, libertad, participación, justicia. La presencia política de los cristianos fue numerosa y pública en todas las orientaciones políticas, dándole cuerpo y sabor cristiano a la democracia incipiente.

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Mi generación creció bebiendo algo del final de aquellos tiempos pero, con la constitución ya consolidada y sin aparente dictadura contra la que luchar, la aportación de los cristianos a la vida política y social se fue abotargando, las asociaciones envejeciendo, los proyectos comunes difuminándose y las facultades militantes atrofiándose.

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Recuerdo que cuando era pequeño, echaron abajo el mercado de la Encarnación, en el centro de Sevilla. En 1973 se hizo uno provisional en un rinconcito de la plaza, para cubrir las necesidades del barrio mientras se construía el nuevo. 38 años se mantuvo esa estructura provisional., incluso con un cartel cerámico que así lo indicaba: “Mercado Provisional de la Encarnación. 1973”. Algo así nos pasó con la política en España. Las estructuras y modelos políticos nacidos para una transición modélica, se convirtieron, como el mercado provisional de la Encarnación, en modelos inamovibles, cerrados a las nuevas situaciones de la sociedad. Estructuras que resultan a mi modo de ver, un incómodo corsé para la libertad política de los ciudadanos y por tanto, más si cabe, para los cristianos.

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¿Qué les queda a los jóvenes de hoy de aquello? Pues los Alcántara y la canción Libertad sin ira de Jarcha. Las nuevas generaciones, mis compañeros más jóvenes (y no tan jóvenes) de trabajo, no quieren saber nada ni de la política ni de los políticos. Para mis hijas, los políticos son esos que salen continuamente en las noticias de la tele por casos de corrupción. Una profesión deshonrosa en la que sólo prima el interés desmedido por el poder o el lucro. No se lo puedo reprochar: una experiencia parecida pero llevada al límite tuvo San Antonio María Claret con respecto a la política y los políticos de su tiempo. El momento más amargo de su vida fue sin duda la etapa en la que vivió en medio de la corte, siendo confesor de la Reina Isabel II. Aunque el carisma seglar claretiano trasciende la experiencia del santo, es totalmente comprensible que tuviera poderosas razones para tener serias reservas con respecto a la participación política. A aquella política. Decía en su autobiografía:

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“En materias de política jamás me he querido meter, ni antes, que era mero sacerdote, ni ahora tampoco, siendo así que varias veces me han pinchado. Al fin y al cabo todos los partidos no son más que jugadores, que tratan de ganar el tanto y tener el orgullo de mandar sobre los demás o el lucro del sueldo más crecido”. (Aut 630)

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¿Dónde queda entonces la participación socio-­‐política de los cristianos de hoy, especialmente de los jóvenes? Fundamentalmente en las ONGs, muy por encima de los partidos políticos y de la Iglesia en las encuestas entre la juventud española. Un joven aceptará gustosamente y sin reparos una propuesta para algún trabajo social con inmigrantes o reforestando bosques, pero huirá de cualquier proposición partidista como si de la peste –o el SIDA-­‐ se tratara. Son movimientos sociales a los que la fe sigue aportando valores fundamentales, pero en los que la presencia explícitamente cristiana no es suficientemente significativa. Entre otras cosas porque ha calado en la conciencia del cristiano que ejerce como ciudadano responsable la consigna de que la religión debe permanecer en el ámbito de lo privado.

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Como dice García de Andoin, es cierto que es necesaria “la distancia crítica de la fe hacia cualquier opción o sistema político, pero también la necesidad de la mediación política para la realización del Reinado de Dios”. García de Andoin defiende  la necesidad de “cambiar la sensibilidad y la cultural eclesial en relación a la política”, subrayando cuatro actitudes a combatir: la privatización de la opción partidaria en la comunidad creyente, el rechazo a la toma de partido, la demonización del poder, y un idealismo moral dimisionario de la acción política racional.

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[puedes leer la ponencia completa AQUÍ: Charla Seminario Estudios Laicales v2]

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Constantino (Tino) Rodríguez sscc

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