«UN LAICO EN LAS ESCUELAS PÍAS» Guillermo Gómez

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GUILLERMO, UN LAICO EN LAS ESCUELAS PÍAS.

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Me han pedido que escriba unas líneas contando brevemente mi experiencia vocacional como laico en el seno de la familia religiosa a la que pertenezco, las Escuelas Pías. No podía decir que no a la oportunidad de dedicarme un ratito para ver todo el camino recorrido desde el año 98 con tantos hermanos, religiosos y laicos, que compartimos viaje en esta gran familia de las Escuelas Pías.

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Empiezo presentándome. Mi nombre es Guillermo Gómez. Vivo en Madrid. Estoy casado con Patricia y tenemos una niña preciosa de casi 4 años llamada Inés. En cuanto a formación, soy arquitecto por la Universidad Politécnica de Madrid. Vivo y comparto mi vida, mi fe y mi misión en la Fraternidad de las Escuelas Pías, la asociación de pequeñas comunidades cristianas de carisma escolapio que, junto a la Orden Escolapia, busca dar continuidad al sueño de San José de Calasanz en muchos lugares del mundo. Mi pequeña comunidad se llama Alégrate. Actualmente acompaño a un grupo de jóvenes de nuestro colegio de Getafe en su proceso de discernimiento hacia la comunidad cristiana. Sigo vinculado a la universidad en temas de Cooperación Internacional al Desarrollo. En cuanto a mi faceta laboral, pero a la vez tan vocacional como todo lo anterior, tengo la enorme fortuna de poder dedicarme a impulsar el proyecto pastoral y laical de nuestra provincia religiosa (Betania) rodeado de hermanos religiosos y laicos: equipo provincial de pastoral, equipo provincial de laicos, consejo de la fraternidad…

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Un poquito de historia…

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mi comunidad de la fraternidadNo estudié en Escolapios. Ni siquiera sabía de su existencia hasta el año 98. Ese año, a través de amistades que sí estaban vinculadas a la Orden, me acerco por primera vez a esta realidad de Iglesia que iba a cambiar definitivamente mi vida. Muchas cosas se despiertan en mí a partir de entonces e inicio un verdadero proceso de descubrimiento, de enamoramiento, de implicación, de compromiso, de discernimiento… que continúa hasta hoy. Me integro en la comunidad Kairós, vinculada a escolapios de Alcalá, y empiezo a reconocerme llamado para acercar la Buena Noticia de Jesucristo a los jóvenes: grupos de catequesis, coro en las celebraciones dominicales, colonias, pascuas, retiros, cursos de formación… La actividad pastoral va ganando más peso en mi agenda y en mi corazón con el paso de los años.

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Termino la carrera y empiezo a trabajar en un estudio de Arquitectura. Un buen estudio con proyectos bastante interesantes. Sin embargo, mi actividad laboral no colma mi sed de sentido, de servicio y de Reino. Sí lo conseguía, en cambio, la labor pastoral en la que cada vez asumía mayor responsabilidad.

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En 2004, seis años después del inicio del proceso de conversión personal que antes mencionaba, recibo una llamada del  colegio de Escolapios de Aluche. Necesitan un profesor de plástica para secundaria. Este es un momento muy importante en mi vida porque va a suponer un momento de ruptura con muchas expectativas, tanto ajenas como propias, para abrir paso al SÍ a la llamada que escuchaba en lo profundo del corazón. Discierno, dejo la arquitectura y opto por la educación en  “piedad y letras”, fe y cultura, como misión a recorrer. Un año más tarde hay Capítulo Provincial y me ofrecen entrar a formar parte de Equipo Provincial de Pastoral, estructura desde la que trato de responder a mi vocación desde entonces. Más tarde llegarán otras responsabilidades provinciales: laicos, misión compartida e integración carismática, consejo de la Fraternidad; y también de Orden a nivel general desde el equipo de procesos de pastoral de la orden. Muchos «nombres raros» y responsabilidades varias para impulsar siempre un mismo sueño: animar el camino de seguimiento de Jesús de niños, jóvenes y adultos, con la referencia fundamental de Calasanz, que abrió el camino.

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día de la primera renovación en la fraternidadEn la provincia vamos aprendiendo a dosificar los necesarios viajes para, a la vez, no desatender la prioritaria vida familiar de los que no somos religiosos. Aunque en este testimonio me estoy centrando más en la parte escolapia de mi vocación, trato de hacer vida lo que en la cabeza y el corazón es lo primero: que mi vocación primera y mi modo fundamental de seguir a Cristo y construir Reino es desde la opción matrimonial, desde un proyecto de amor con Patri y con Dios, y con los hijos que Él nos quiera regalar, por el momento la pequeña Inés.

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Mi vida transcurre de reunión en reunión, de colegio en colegio, y con bastantes horas delante del ordenador. Trabajamos cada vez más entre adultos y menos entre los niños y los jóvenes. Es un “pequeño” precio que hay que pagar, aunque siempre trato de mantenerme en la brecha de la catequesis acompañando algún grupo concreto. Sin embargo, para mí es una auténtica bendición poder trabajar vocacionalmente, en el seno de la Iglesia, codo con codo con tantos hermanos, religiosos y laicos, que comparten el mismo sueño, el mismo carisma, la misma misión.

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Obviamente, no todo es un camino de rosas. Es bastante probable que mi vida fuera más fácil y cómoda si nunca me hubiera ido de aquel estudio de arquitectura. También es bastante probable que fuera una vida mucho menos plena.

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 Todo proyecto de amor tiene sus dificultades, y este no iba a ser menos. Mi mujer siempre dice que es una dificultad el no tener un horario laboral muy definido porque lleva a tener un “horario no laboral” también muy poco definido. La cara dulce es la flexibilidad con la que cuento. A veces, una pizca de cansancio, incomprensión, soledad, desesperanza, frustración, “aburguesamiento”, arrogancia… aparece en algún tramo del camino. Pero la ventaja de trabajar en estructuras comunitarias como las que intentamos tener es que siempre hay alguien que pone la gota de luz necesaria para volver a reemprender la marcha soltando lastre.

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Estoy muy agradecido a las Escuelas Pías por el esfuerzo realizado a favor de una verdadera “Iglesia de Comunión” en el seno de la Orden. Se han abierto muchos cauces para que laicos y religiosos podamos caminar juntos y podamos responder a la llamada común a educar al estilo de Calasanz, con la fraternidad como criterio de relación más que las diferencias jerárquicas. La apuesta por la Fraternidad de las Escuelas Pías supone, a este respecto, un camino cargado de ilusión y esperanza en el que religiosos y laicos compartimos vocación y proyecto. Un camino en el que, juntos, seguir cada vez más y mejor a Aquel que nos llama cada día.

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Guillermo Gómez

@guillermokairos

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