IGLESIA EN SALIDA… ¡EN LA PRÁCTICA!

Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter

“Una Iglesia en salida hasta los últimos confines exige una conversión misionera constante y permanente. Cuántos santos, cuántas mujeres y hombres de fe nos dan testimonio, nos muestran que es posible y realizable esta apertura ilimitada, esta salida misericordiosa, como impulso urgente del amor y como fruto de su intrínseca lógica de don, de sacrificio y de gratuidad (cf. 2 Co 5,14-21). Porque ha de ser hombre de Dios quien a Dios tiene que predicar (cf. Carta apost. Maximum illud, 64)”.

En estos últimos tiempos he tenido que visitar, o vivir un tiempo, en lugares diversos. Y una de las primeras cosas que suelo hacer es buscar horario de misas y culto, conocer las ofertas pastorales. Algunos lugares me han sorprendido muy gratamente por la buena acogida y me han hecho sentir como en casa. Otros, todo lo contrario. Eso de tener que andar buscando y buscando horarios y actividades al final cansa… la Iglesia está tan escondida en algunos, en bastantes sitios, que es como si no existiera. Y quizá haya gente como yo que la necesita en algún momento y no la encuentra. Esto me ha hecho caer en la cuenta de la importancia y necesidad de ser una Iglesia en salida, al encuentro del ser humano en sus circunstancias concretas. Necesidad de la conversión MISIONERA, de una apertura ilimitada. No una Iglesia acostumbrada a que la gente acuda, cueste lo que les cueste, sino comunidades que salen, abiertas, que se adelantan.

¿Qué supone en la práctica? Salir y ponerse en la piel de los destinatarios de nuestra misión: si son jóvenes, si son turistas, enfermos, ancianos, niños, familias… o todos a la vez. El Evangelio es una Buena Noticia pero hay que hacerla llegar como tal. ¿Qué buena noticia pueden necesitar? ¿qué y cómo podemos ofrecerlo? Cambiar el foco de la mirada. No en lo de siempre y como siempre, preocupados de nuestra supervivencia, sino en ellos, y de buenas maneras: hacer la vida más agradable, más humana, con más corazón y entrañas… Las personas necesitan saber que importan en nuestras iglesias locales y por eso salimos a su encuentro y les ofrecemos no tanto cosas o actividades, sino ante todo acogida, alegría, vida, amor, relación, apoyo, esperanza…

Es una conversión no con el sentido moral que se le suele dar en relación al pecado sino una conversión misionera desde la lógica del don y la gratuidad, porque vivir pendiente del otro supone olvido de sí, esfuerzo de escucha, de hablar su lenguaje…

Implica también ser hombres y mujeres que viven en relación viva con el Dios vivo, para poder hablar de Él con la vida y a su modo.


Otras entradas...

RESPONSABLES DEL MARKETING

Nuestra pertenencia filial a Dios no es un acto individual sino eclesial: la comunión con Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es