UNA SENTENCIA A MUERTE ESCONDIDA

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La coincidencia en el tiempo de la tramitación en el Congreso de los Diputados de la Proposición no de Ley presentada en 2016 por el Grupo Parlamentario Vasco, para la derogación de la pena de Prisión Permanente Revisable (PPR), con el esclarecimiento de la desaparición del niño Gabriel y otros tantos casos de desapariciones o asesinatos de niños y jóvenes, ha desencadenado en la sociedad española, además de la evidente repulsa y condena de estas atrocidades, un intenso debate sobre esta pena máxima de privación de libertad.

La PPR, introducida en el Código Penal español en 2015, sólo puede aplicarse en casos de asesinatos con una serie de agravantes determinados (cuando la víctima es menor de 16 o una persona especialmente vulnerable, por asesinato después de un secuestro, por violaciones en serie, por delitos de genocidio,…).

Esta pena, está compuesta de una fase de privación de libertad indeterminada (no inferior a 25 años), cuya duración depende de la cantidad de delitos cometidos y de su naturaleza, tras la cual un tribunal colegiado ha de revisar su situación. En caso de que el tribunal considere que no concurren los requisitos necesarios para que el penado pueda recuperar la libertad, se fijará un plazo para una nueva revisión. Si, por el contrario, el tribunal valora que cumple dichos requisitos, se establecerá un plazo de libertad condicional en el que se impondrán condiciones y medidas de control orientadas tanto a garantizar la seguridad de la sociedad, como a asistir al penado en esta fase final de su reinserción social. Finalmente una vez acreditada la reinserción del penado, se podrá aplicar el sistema de revisión que dará acceso a la libertad.

Frente a los más de 2 millones de firmas ciudadanas que dicen NO a la derogación están entre otras, las voces de más de 110 catedráticos de derecho penal que han firmado un manifiesto contra la PPR. Y aunque la Conferencia Episcopal Española (CEE) no se ha pronunciado al respecto, sí podemos encontrar algunos documentos significativos que dentro de la Iglesia, han expuesto su reflexión sobre esta pena:

  • Comunicado de la Comisión General de Justicia y Paz en relación con la aprobación por el Congreso de los Diputados de la pena de “prisión permanente revisable”, 2015.
  • La Prisión Permanente Revisable en España a la luz del Departamento de Pastoral Penitenciaria elaborado por este departamento de la CEE, 2018.

De entre los argumentos que se exponen en contra de la PPR, quiero referirme únicamente a algunos aspectos relacionados con la reeducación y la reinserción social que deben cumplir las instituciones penitenciarias y que está fundamentada en el artículo 25.2 de nuestra Constitución, que señala: «Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social

  1. Como hemos comentado, las personas condenadas a PPR han de pasar al menos 25 en prisión antes de que un tribunal pueda valorar su estado, pero se ha contrastado, que el cumplimiento de una condena privativa de libertad superior a 15 años produce efectos físicos y psíquicos irreversibles en las personas.

La prisionización es el término que hace referencia a la asimilación por los internos de hábitos, usos, costumbres, y cultura de la prisión, así como de los efectos transformadores que se producen en la personalidad del interno: en su autoestima, motivación, responsabilidad, en un aumento en los niveles de dogmatismo y autoritarismo,…  entre otras muchas consecuencias que hacen muy difícil una adaptación posterior a la comunidad libre, por efecto de su estancia prolongada en el centro penitenciario.

Podemos ver un ejemplo de este efecto en la película Cadena perpetua (The Shawshank Redemption) en la que Red (Morgan Freeman) afirma «La vida en la prisión es sobre todo rutina y después más rutina». Es la «institucionalización» del que tras tantos años en la cárcel ya no se siente seguro fuera de ella y que queda claramente reflejado en Brooks (James Whitmore) que una vez fuera de la cárcel, se siente incapaz de vivir libre.

  1. Otro aspecto a señalar es que una persona que no tiene un horizonte de libertad determinado, puede no tener la suficiente motivación para desarrollarse personal o profesionalmente. Quien se encuentra sin esperanza difícilmente mostrará una actitud de arrepentimiento. Es más, puede incluso que, al no tener una expectativa razonable de salir, no tenga reparos en seguir delinquiendo, ya que nuevas condenas no van a suponer en la práctica más años de cárcel.
  2. El sistema penitenciario español, regula en su normativa el tratamiento de los presos, con el objetivo de hacer del interno una persona con la intención y la capacidad de vivir respetando la ley penal y capaz de atender a sus necesidades. Sin embargo el objetivo que prevalece en las cárceles es mantener el control y evitar la fuga, a esto es a lo que dedica la mayor parte de su energía. Tan sólo un dato que nos ayudará a valorar este aspecto: de las 24.925 personas que trabajan en centros penitenciarios, sólo 3.662 se dedican a tareas relacionadas con los programas de tratamiento o de asistencia (el 14,7%), mientras que el cuerpo de ayudantes, destinado a las tareas de vigilancia, se compone de 19.363 personas, (el 77,7%).

 

Juzgar

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, aborda la legitimidad de la autoridad pública de infligir las penas y señala que, « La pena no sirve únicamente para defender el orden público y garantizar la seguridad de las personas; ésta se convierte, además, en instrumento de corrección del culpable, una corrección que asume también el valor moral de expiación cuando el culpable acepta voluntariamente su pena. La finalidad a la que tiende es doble: por una parte, favorecer la reinserción de las personas condenadas; por otra parte, promover una justicia reconciliadora, capaz de restaurar las relaciones de convivencia armoniosa rotas por el acto criminal» y añade más adelante que la represión eficaz del crimen, neutralizando a quien lo ha cometido, no le «prive definitivamente de la posibilidad de redimirse« (nn. 402- 405).

Juan Pablo II, en la homilía que pronunció con motivo del Jubileo del año 2000 manifestó: “La pena no puede reducirse a una simple dinámica retributiva; mucho menos puede transformarse en una retorsión social o en una especie de venganza institucional. La pena y la prisión tienen sentido si, a la vez que afirman las exigencias de la justicia y desalientan el crimen, contribuyen a la renovación del hombre, ofreciendo a quien se ha equivocado una posibilidad de reflexionar y cambiar de vida, para reinsertarse plenamente en la sociedad

También el Papa Francisco en un encuentro celebrado en 2014 con miembros de la Delegación de la Asociación Internacional de Derecho Penal en la Ciudad del Vaticano señaló que la cadena perpetua es como «una sentencia a muerte escondida«. Y en su visita a la cárcel de San Joaquín en Santiago de Chile, en enero de 2018, dice:  “Una condena sin futuro no es una condena humana: es una tortura. Toda pena tiene que tener horizonte de reinsertarse de nuevo. Exíjanlo a ustedes y a la sociedad”. “Estar privadas de libertad…, no es sinónimo de pérdida de sueños y de esperanza. Ser privado de libertad no es lo mismo que estar privado de libertad. De ahí que es necesario luchar contra todo tipo de corsé, de etiqueta que diga que no se puede cambiar, o que no vale la pena, o que todo da lo mismo. Queridas hermanas, ¡no!, todo no da lo mismo. Cada esfuerzo que se haga por luchar por un mañana mejor –aunque muchas veces pareciera que cae en saco roto- siempre dará fruto y se verá recompensado”. “No deben abandonar el sueño de la reinserción”.

 

Actuar

Mira tu historia. Piensa en qué propósitos te trazaste hace 25, o hace 10 o 5 años, tal vez una carrera profesional o un proyecto de pareja… ¿los has alcanzado? ¿Cuánto de mérito personal puedes atribuir a ese logro o a ese fracaso?, ¿cuánta responsabilidad tienen los distintos factores de tu contexto? Y ante el fracaso, ¿has sido capaz de poder recuperar la confianza o de abordar un nuevo proyecto y volver a tener esperanza? ¿Contaste con ayuda de amigos, de familiares,..? ¿Cómo influyó tu ambiente, tus circunstancias?… Si volvieras hacia atrás en el tiempo y pudieras cambiar tus acciones o tus circunstancias ¿crees que volverías a fracasar?.

Interésate por la realidad de los presos. Entra en la web del Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española. Valora la dedicación de la Iglesia en atender a las personas privadas de libertad y a sus familias.

Ponte en los zapatos de otro. Una de las obras de misericordia es visitar a los presos. Ponte en contacto con las personas que colaboran con la Pastoral Penitenciaria de tu diócesis. La cárcel es una realidad muy desconocida.

Ora. Pide por ellos, por ellas, por sus familias, por quienes trabajan en los centros,..  que Dios les sostenga en la esperanza.

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