Billal, 18 años, Costa de Marfil. Caminó durante 2 años desde su país, vivió la crudeza del desierto del Sáhara, la explotación laboral en Argelia y las humillaciones constantes del bosque en Marruecos.

Hace poco, ya en España, estaba compartiendo su viaje con jóvenes de un instituto de Sevilla. Desde Cáritas hemos apostado por sensibilizar y visibilizar la realidad de la movilidad humana. En el diálogo, un chico le preguntó si alguna vez pensó en abandonar y volver a su país. Billal tomó aire, movió los ojos como si estuviera recordando el momento y le dijo mostrando esa cara de resurrección cuando uno se encuentra con la Vida:

El silencio que se produjo en el aula es el mismo que se repite cuando descubrimos, desde el contacto diario con personas migrantes en el Proyecto Nazaret de Cáritas donde el trabajo, la fuerza y la vitalidad que estos jóvenes nos transmiten. Un silencio que cuestiona a una sociedad que, por no escuchar, se pierde la riqueza de una Vida que nos llega escondida en otros ropajes culturales, en otros rostros diferentes, en otras lenguas y expresiones.

Frente a una Europa sumida en el miedo, que responde con muros y vallas, los cristianos y cristianas tenemos la oportunidad de aprender lecciones de resistencia, de vivir de pie, mirando al frente y caminando junto a Dios con rostro multicolor.

Hoy es el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo. De nuevo, tenemos la oportunidad de darnos cuenta de aprender, de ver que corremos el riesgo de permanecer, como antaño, en la Pasión, y no descubrir la riqueza de la diversidad que nos regalan tantos hermanos y hermanas que conviven con nosotros. Ellos nos enseñan, nos muestran la imagen de un Resucitado que nos enseña el único camino de la VIDA, el que se anda en el encuentro mutuo que nos enriquece y dignifica.