YO, VOY CONMIGO cuento narrado por Rozalén

¡Yo voy conmigo! (1)
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El precio de tener alas

Necesitamos que nos miren, ser vistos, que nos miren bien, además. Experimentamos miradas cariñosas, alentadoras, que nos hacen mejores; otras se nos clavan con juicio y condena. Y otras veces hay miradas que ni se nos dan, como si fuésemos invisibles. Así que podemos caer en la trampa de pretender estar en el campo visual de los otros intentando “entrarles por los ojos”, gustar, encajar en sus moldes.

Pero hay una mirada que en ocasiones olvidamos: la mía propia. ¿Qué veo cuando me miro? ¿Soy yo? Quizá no necesitemos tanto que nos miren como poder mirarme yo a mí.

Me gusta pensar que cuando Dios nos mira nos ve únicos, únicas. Por eso nos hace sacar lo mejor que llevamos dentro, sin miedo ¡Ojalá fuéramos capaces de mirarnos así!

Ser una misma, uno mismo, es la forma de recuperar nuestras alas, volar nuestro vuelo y, en definitiva, ser libres. Es un riesgo, pero tiene sus ventajas: ahorra el maquillaje, el esfuerzo de tener que disimular lo que hay o cumplir expectativas ajenas (posiblemente imposibles de cumplir).

Este cuento, narrado por Rozalén habla de eso, del valor de mis palabras, mi sonrisa, mis pájaros en la cabeza… De hasta dónde seríamos capaces de llegar por gustar a los demás y de si merece la pena ¿Tú que crees?

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